5/07/2020

BILLY EL NIÑO, YA NO MALTRATARÁ MÁS








Sede de la Comunidad de Madrid,antigua DGS





Decir que me alegro por la muerte de Billy el Niño, a consecuencia del Coronavirus, no es verdad, porque hubiese deseado que se le hubiera juzgado , se le retirasen sus condecoraciones y todos los españoles supiesen de la existencia de un personaje que más de cuarenta años después de que este país abrazara la democracia, no solo continuó con su carrera policial sino que recibió condecoraciones y agasajos reconociendo sus méritos ante la incredulidad de quienes conocíamos de sus hazañas, en los sótanos de la Dirección General de Seguridad.

Yo no estuve en esos sótanos, pero sí sé de compañeros que sufrieron sus torturas y las protagonizadas por otros integrantes de la llamada Brigada Político Social. A Billy el Niño, creo que se llamaba Antonio González Pacheco, le conocía de su presencia en la Facultad de Derecho de la Complutense, donde se le veía con frecuencia, por el cuartelillo que la Policía Armada tenía en el interior del centro universitario. Siempre con un aspecto chulesco, con su chaqueta azul cruzada, corbatas de mal gusto y unas gafas de sol de la marca más deseada de la época. No era alto y tampoco corpulento. Era poca cosa. Decían que tenía una gran memoria visual y que fichaba a todo aquel que le pareciera sospechoso. Yo en aquel momento lo era. Melena y poblada barba y además relacionado con algunos integrantes del Partido Comunista, entre ellos una hermana de Cristina Almeida. Aquello debió ser en 1970 o 1971 poco antes de que me retuviera en la puerta de casa. Había quedado con mi hermano Javier, y algún amigo en un pub de la calle Sagasta. Al bajar las escaleras del portal dos policías de paisano me retuvieron y miraron al coche, un 1500, donde se encontraba Billy el Niño,quién les hizo un gesto afirmativo. Me metieron, no de muy buenas maneras, en el portal de al lado, donde había una residencia para estudiantes femeninas y Billy el Niño que, se había incorporado, ordenó que me registrasen. Yo, recuerdo, metí mis manos en los bolsillos traseros del vaquero, mientras se afanaban concienzudamente en encontrar algo. Me quitaron la cartera ,con varios carnets y uno de ellos se acercó al coche para comprobar mis datos. Mientras esperaban, Billy el Niño me preguntó de forma fría y autoritaria que escondía en los bolsillos traseros de mi pantalón. Le dije que nada. Me sacó las manos con violencia e introdujo las suyas, rebuscando en el pantalón. Triunfante sacó una moneda y me miró amenazador: “Tenía usted un duro. No vuelva a mentirme”.

Así era el personaje, así de frío y así de cortante e inexpresivo. Me dejaron marchar, pero se quedaron con varios de mis carnets (autobús familia numerosa, studens, facultad) sin que yo me percatara. Me devolvieron el DNI y otros. Bastante nervioso estaba, como para fijarme si habían metido todos en mi cartera. Sabía que iban a por mi vecino, miembro de la LCR(Liga Comunista Revolucionaria) y sabía que teníamos que avisarle. No me dejaron volver a entrar en mi casa. Me marché con amenazas de que como no me fuera dormiría en la DGS. Al enfilar Santa Engracia (en aquella época García Morato) corrí como si me fuese la vida. Creo que no me siguieron. Mi hermano que era menor de edad, acudió a casa para avisar a nuestro vecino que logró huir por los tejados y las terrazas, evitando así, que fuera detenido. Dos niños, porque yo no llegaba a los veinte, burlamos al gran torturador del franquismo.

Varios años después,intentaba ser "bueno"





Durante toda mi etapa universitaria era fácil ver a Billy el Niño en el campus. Un personaje mezquino y cobarde que se refugiaba en la represión que ejercía el estado. A mi no llegó a detenerme, pero seguro que influyó en que no me concedieran el Certificado de Buena Conducta, que me impedía, entre otras cosas, obtener el pasaporte. Tuve más problemas con el aquel régimen siniestro, pero no es cuestión de contarlos ahora, hoy tocaba Billy el Niño y el recuerdo para todos aquellos que sufrieron sus torturas. Pero, ya he dicho, no me alegro de su muerte porque siento la impotencia de no haberlo visto juzgado.

1 comentario:

Unknown dijo...

Gracias por luchar por la democracia que disfrutan tus hijos y tus nietos.
Y por haber elegido una profesión que se hace más digna con alguien como tú.