Escribo en la semana de Los Goya que se entregarán el próximo sábado, en Barcelona. Los domingos, de Alauda Ruiz de Azua se vislumbra como máxima favorita después de los premios obtenidos en los Forqué o los Feroz. Como principales competidoras Sirat, de Oliver Laxe; Sorda, de Eva Libertad, La cena, de Manuel Gómez Pereira y Maspalomas, de Aitor Arregui y José María Goenaga.
Buen cine para una edición redonda de los Goya, la número 40 que reafirma a estos galardones como los más importantes del cine español.
Hace 40 años asistí a la primera entrega de los premios en el cine Lope de Vega de Madrid y lo he contado en el libro "Existió que no es poco" que acabo de publicar, en Ediciones de la Torre.
Este que sigue a continuación, es el capítulo dedicado a los premios Goya
CAPITULO XII
Y EL GOYA ES...
«Hoy he decidido darme un paseo hasta la Academia de Cine, en la madrileña calle Zurbano, para asistir a la presentación del ciclo «El gran viaje de la gran pantalla», que pretende acercar lo mejor del cine nacional del último año a varias ciudades españolas con proyecciones absolutamente gratuitas (...)
Me voy treinta y ocho años atrás, casi cuatro décadas para situarme en la Gran Vía y
acceder al cine Lope de Vega. En 1987 dirigíamos el área de Cultura de Radio Exterior
y tanto a Elisabeth como a mí nos invitaron a asistir a la primera edición de unos premios
que nacían vacilantes y tímidos, pero que con los años se convertirían en el referente y
en la fiesta del cine español.
En aquella primera edición tuve que desempolvar un esmoquin de mi suegro y
Elisabeth buscó un vestido largo. El ir de etiqueta se tomaba al pie de la letra. Nadie
se saltó el protocolo. No recuerdo el cine Lope de Vega completamente lleno, había
algunos huecos en la sala, porque los premios no tenían todavía el respaldo que
tienen en la actualidad.
Sé que estuvieron los por entonces Reyes, Juan Carlos y Sofía, presidiendo una
ceremonia que fue más caótica de lo esperado. No sé si sería por ese motivo, pero el
caso es que no volvieron a ninguna otra.
Los Reyes de entonces asistieron por primera y única vez a la entrega de los Goya (Academia de Cine)
José María González Sinde, productor, director y guionista, impulsó los premios
y la creación de la Academia, de la que sería su primer presidente. Su hija Ángeles
ocuparía el mismo cargo muchos años después y llegaría a ser ministra de Cultura
en el gobierno de Zapatero.
Recuerdo una ceremonia desangelada, con muchos errores y muchas ausencias. La principal
la de Fernando Fernán Gómez, que acaparó los principales premios y que no apareció
por la sala. Su Viaje a ninguna parte se llevó el Goya de mejor película, dirección y guion
y en Mambrú se fue la guerra, que también protagonizaba, ganó el de mejor actor. Otro
Fernando, Rey, fue el presentador de una gala no excesivamente larga porque, entre otras
cosas, eran bastantes menos los premios que se concedían.
El premio a la mejor banda sonora fue un despropósito porque el compositor Carmelo
Bernaola era incapaz de pronunciar correctamente el nombre del grupo ganador, Milladoiro,
que consiguió el Goya por la música de La mitad del cielo, una buena película de Manuel
Gutiérrez Aragón.
En aquella primera edición había títulos que están en la memoria de todos los que
amamos el cine español. Dragón Rapide, de Jaime Camino; El año de las luces, de Fernando
Trueba con la desaparecida Verónica Forqué, mejor actriz de reparto; Tata mía, de José
Luis Borau; El amor brujo, de Carlos Saura; Werther, de Pilar Miró; Matador de Pedro
Almodóvar o Hay que deshacer la casa, de José Luis García Sánchez, por la que Amparo
Rivelles ganó el Goya de mejor actriz. Amparo Rivelles, como muchos otros de los
premiados, tuvo dificultades para sujetar la estatuilla que recibieron, obra del escultor
Miguel Ortiz Berrocal. Era una escultura desmontable, que pesaba quince kilos y de la que
una cámara salía de la cabeza de Goya. Desde la cuarta edición bajó el peso y la cámara
pasó a mejor vida. Eso sí, después de la ceremonia todos a casa. No hubo fiesta o si la hubo no nos enteramos.
Durante casi treinta años asistí de forma regular a los Goya, pero más que como invitado,
como había ocurrido en la primera edición, acudiendo a retransmitir la ceremonia para
REE, primero y para RNE en conjunto, después, con Yolanda Flores y un puñado
de buenos compañeros. Los premios no suscitaban demasiado interés mediático los primeros años. Se entregaban en el Palacio de Exposiciones y Congresos de la Castellana y no ocupaban excesivo espacio en los periódicos, las televisiones o las radios. No eran muchos los que creían en ellos, pero acabaron imponiéndose y lograron el apoyo de toda la profesión, de los medios de comunicación y, con el tiempo, de las redes sociales.
En el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, en IFEMA donde se celebraron la mayor parte de las ediciones, recuerdo que nueve años después de la primera edición éramos los únicos que retrasmitíamos en directo la ceremonia de los Goya. No tenía nada que ver con lo que ha ocurrido en los últimos veinte o veinticinco años, con alfombras rojas, vestidos vaporosos, escotes, lentejuelas, joyas, peinados provocadores, esmoquines de todos los colores, risas, aplausos, besos y cámaras, muchas cámaras captando cada instante por muy pequeño que pudiera parecernos.
Cuando empezamos a retransmitir en directo para América éramos un pequeño equipo. Dos técnicos de sonido, uno era el ya desaparecido Juan Lamas y el otro Enrique Martínez que hacía la doble función de técnico y realizador e incluso ayudaba a traer a los premiados al set que teníamos montado en IFEMA. Elisabeth Norell, Luis Arancibia, Inmaculada Palomares, entre otros, hicieron posibles aquellas retrasmisiones a las que se unían las conexiones con Prado del Rey con el equipo de fin de semana que dirigía Fernando Martínez, con Inocencio Martín, entre otros.
Fue una experiencia magnífica que pudimos hacer durante dos o tres años, entre ellos 1997, en que ganó Tesis de Alejandro Amenábar y Pilar Miró hubo de conformarse con el premio de la mejor dirección por la magnífica El perro del hortelano.
Enrique nos trajo casi en volandas a Emma Suárez que ganó su primer Goya por su papel en la película de Pilar Miró. La conocíamos porque unos años antes había recibido el premio Ojo Crítico de cine y habíamos seguido su imparable trayectoria. Amenábar era un chaval veinteañero que, con Tesis, su primera película, inició una carrera plena de éxitos.
Fueron años estupendos y retransmisiones alegres y vivas, como las que haríamos después con Yolanda, con un equipo técnico y personal mucho más amplio, con el Lujo, Jami, Larrocha, Teresa, Arancibia, Lerchundi, Ana Vega, Conchita Casanovas y algunos otros más que se fueron añadiendo con el paso de los años, como Elio Castro. A finales de los noventa los Goya crecían de forma imparable y ya nadie disimulaba que eran los premios más deseados de la «noche más hermosa». Solía llevarme un gráfico, que, preparaba mi hija Isabel, con todos los nominados para ir reseñando los ganadores a medida que avanzaba la gala y prácticamente todos pasaban por nuestros micrófonos.
Solo hubo un año, 2000, en que nos sentimos frustrados En la primera ocasión que los Goya salieron de Madrid para celebrarse en Barcelona, colocaron nuestro set de tal manera que, era imposible acceder a los premiados ya que, para llegar a ellos, había que atravesar la nube de fotógrafos y cámaras de televisión que impedían el acceso hasta los ganadores. Fue el único año en que nos sentimos derrotados y no nos quedamos al cóctel posterior. Nos fuimos derechitos al hotel con más hambre que el perro de un ciego y sólo pudimos tomar unos bollos y magdalenas bastante duros que habían quedado del desayuno.
Durante toda la retransmisión, tuvimos un único invitado, una única persona respondiendo a nuestras preguntas, Luis García Berlanga, y no pudimos recoger las opiniones de los premiados. Berlanga, que era el Goya de Honor, estuvo porque pasó a saludarnos ya que en aquellos años colaboraba en RNE y su hijo Fernando trabajaba en De Película, el programa que dirigía Yolanda, que en 2023 cumplió veinticinco años en antena. Fue el único mal recuerdo de todos aquellos años en que el cine español se vestía de gala y casi cuatro décadas después, sigue haciéndolo, cambiando de escenario y celebrando ediciones tan estupendas como la de 2020 en Málaga, cuando la pandemia obligó a que los aplausos fuesen telemáticos.
Las de Valencia, otra vez Sevilla y Valladolid, fueron ya ediciones que vi, como desde hace varios años, desde la butaca de casa, añorando aquellas retransmisiones y la posibilidad después de muchas horas de trabajo, de relajarte con los compañeros saboreando un vino, una cerveza o una paella en la madrugada, cuando las estrellas caminan por las calles con un Goya o no, bajo el brazo.
El equipo que, durante muchos años retransmitió los Goya por RNE y participó en el programa De Película, dirigido por Yolanda Flores
Si alguien quiere adquirir el libro "EXISTIÓ QUE NO ES POCO" todavía quedan algunos ejemplares en la librería OCHO Y MEDIO y en la web de la editorial https://edicionesdelatorre.com
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