7/21/2026

RESACA


 

 

Mientras Madrid celebra por todo lo alto el triunfo de la selección española en el Mundial yo viajo en el Alvia camino de la capital desde el Puerto de Santa María donde he estado la última semana.

Anoche viví un partido en que solo un equipo quiso jugar al fútbol, al otro se le presupone que su intención era volver a ser campeón del mundo ,pero se le olvidó tirar a puerta…Estuvo todo el partido pertrechado en su área esperando que alguna pelota le llegase al dios Messi y fuera capaz de asistir o de ser el mismo quien perforara la meta española. Todo en la imaginación porque no he visto una Argentina peor en la historia. España tiró 20 veces, le anularon un gol que todavía sigo sin saber por qué y Argentina solo disparó dos veces en los minutos finales , en la agonía de saberse perdedor, sin responder al dominio de una España que sigue teniendo a Rodri como su faro, capaz de marcar el ritmo que debe seguir el equipo, con una naturalidad insultante.

Todo han sido elogios para el combinado español al que solo le ha faltado más acierto de cara al gol. Si España tuviese un jugador del estilo de Haaland, Mbappé o Kane las goleadas a los rivales podrían ser épicas porque el dominio del juego lo tiene en todos los partidos.



El caso es que España, por segunda vez, es campeona del mundo y bien que lo han disfrutado los aficionados de todos los rincones de este país , muchos en plenas vacaciones en este mes de julio. Ha habido fiesta y buen rollo, aunque , como siempre, hayan dado la nota con alguna que otra acción violenta.

Han sido casi cuarenta días de fútbol. Más de un mes con el balón llamando a la puerta e invitándonos a esas disputas de más de noventa minutos, sin contar las prolongaciones y ,en algunos casos, las prórrogas con los equipos disputando la victoria y la de sus países que han vivido con intensidad su presencia en EEUU, México o Canadá.

Países con una enorme tradición futbolística como Italia, incluso Dinamarca, no pudieron clasificarse para el Mundial. Otros cayeron a las primeras de cambio como fueron los casos de Uruguay o Turquía; después, en rondas sucesivas se fueron para casa la pentacampeona Brasil o la tetracampeona Alemania. Argentina que no tuvo rivales de entidad hasta las rondas finales, las pasó canutas contra Cabo Verde, Suiza o Egipto y en semifinales, la mejor Inglaterra desde el 66, tuvo contra las cuerdas a la albiceleste hasta que remontó en los minutos finales.

Messi, en su declive, fue de más a menos, y su carisma no sirvió para sostener a un equipo ramplón y sin juego de ataque.

Su derrota ante España, que debió ser mucho más abultada, confirmó que no solo corriendo o entrando con fuerza y dureza a cada balón se ganan los partidos. Hay que utilizar la cabeza y el toque para apaciguar cualquier arrebato de furia. Y España lleva mucho tiempo haciéndolo olvidándose de aquello que se denominó la “furia española” y que siempre nos mandaba para casa a las primeras de cambio.

En 2026 como en 2010 somos campeones del Mundo.

 

 

 

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