Han pasado veintiún años desde que publicara "La memoria
escondida" mi primer libro sobre el fenómeno migratorio a través del cine.
Posteriormente amplié aquel primer trabajo con otros dos volúmenes más "La
piel quemada"(2016) y "Peligro: Refugiados"(2021).
En aquel `primer libro invitaba a que fuéramos conscientes de que éramos un
país de emigrantes porque, los españoles habíamos sido, generación tras
generación, viajeros obligados a países más ricos donde mejorar nuestras
condiciones de vida.
El cine, durante el franquismo apenas hizo referencias a la presencia
masiva de los emigrantes españoles en Europa y, mucho menos, al exilio que
sufrieron miles de republicanos al término de la Guerra Civil.
Era como si hubiésemos escondido nuestra memoria; como si una amnesia
colectiva no quisiera reconocer nuestro pasado y consideráramos a los
inmigrantes que llegaban a nuestro país como "invasores", por no
decir indeseables que nos quitaban nuestros puestos de trabajo.
Todo era mentira. Nadie vino a quitarnos trabajo y si a ocuparse de labores
que los españoles, instalados en una bonaza económica, no queríamos
hacer. La agricultura, la construcción o el servicio doméstico no se
entenderían actualmente sin mano de obra procedente de países latinoamericanos,
del Magreb o del África subsahariana. También las cuidadoras y los cuidadores
de nuestros mayores proceden en su mayor parte de Latinoamérica.
Aquel libro lo publiqué cuando comenzaba este siglo y antes de la crisis de
2008, que obligó a muchos de nuestros jóvenes a volver a emigrar a Europa para
encontrar puestos de trabajo.
Resulta doloroso que muchos jóvenes de hoy apenas sepan nada de nuestro
pasado y algunos, con enormes desconocimientos alaban la dictadura de Franco y
hacen suyas las tesis de la ultraderecha por dar prioridad a los nacionales,
mientras insisten en expulsar a todos aquellos que no tengan papeles.
Me pregunto cómo se pueden abrazar esas ideas sin la aquiescencia de los
progenitores o la deficiente enseñanza que reciben de sus maestros. Sigue
siendo sorprendente ver declaraciones de quinceañeros defendiendo la extrema
derecha y comenzando a mostrar su odio a quienes vienen de fuera.
Seguimos sin aprender y las redes sociales siguen contribuyendo a la
desinformación y a los bulos que envenenan sin dar pie a la reflexión. Lo
estamos viendo en la crisis de Ceuta y hace unos meses en Torre-Pacheco, en
Murcia donde los extremistas han intentado alimentar el odio. Cualquier
incidente que tenga por medio a un inmigrante es bueno para que Vox y sus
satélites lancen soflamas invitando a la expulsión de los migrantes.
Es descorazonador comprobar que el odio, el racismo, la xenofobia sigue
aumentando en nuestro país y en toda Europa, incapaz de encontrar soluciones a
la creciente ola migratoria y solo tratando de limitar el acceso de migrantes
bañando con miles y miles de euros a países como Marruecos, Mauritania, Líbano,
Túnez o Turquía que tienen la llave de que hombres, mujeres y niños puedan
entrar en Europa. En esos países son tratados como delincuentes.
No creo ,sin embargo, como reclaman algunas fuerzas políticas, que se pueda
entrar en Europa a cualquier precio, no es posible que más de 70.000 personas
como ocurrió en Ceuta, irrumpiesen en una ciudad de apenas 85.000 habitantes.
La mayoría, salvo unos 5.000, regresaron a Marruecos en los días
siguientes. Cuando escribo estas líneas, Ceuta ha estado al borde del
estallido social porque la noche del jueves 27 de agosto hubo momentos de
violencia entre algunos ceutíes y un grupo de inmigrantes. Incluso se impidió a
Cruz Roja que entregase alimentos y agua a los inmigrantes y se destrozaron sus
precarios asentamientos. El gobierno trabaja a contrarreloj para adecuar
espacios que alberguen a los inmigrantes, antes de que la mayoría sean
devueltos a Marruecos. Vox y el PP quieren sacar rédito político de la
situación y promueven manifestaciones en contra del gobierno al mismo
tiempo que son las comunidades autónomas gobernadas por ellos las que se niegan
a aceptar a menores migrantes. Un sinsentido.
Mientras, Pedro Sánchez atribuyó la entrada masiva del 30 y 31 de julio a
los llamamientos de redes sociales avivadas por la extrema derecha
internacional y a la desestabilización que promueven países como Rusia e
Israel. Marruecos no entra en esa conspiración, aunque hay otras voces desde el
propio gobierno y sus socios que apuntan a la pasividad de las autoridades
marroquíes a la hora de permitir la "invasión" e incluso otras que
señalan que la entrada masiva en Ceuta fue orquestada por Marruecos.
Lo único que me parece claro es que el relato de que esa invasión se
produjo de forma espontánea promovida por las redes sociales, no se
sostiene.
Lo ocurrido en Ceuta trasciende del fenómeno migratorio porque España ha
vivido un ataque a su frontera , ante la falta de solidaridad de los países
miembros de la Unión Europea que, en lugar de mostrar su apoyo han ido contra
la política migratoria española. Europa no encuentra soluciones y cerrar las
fronteras no es la solución. La postura de la UE solo está promoviendo el
crecimiento de la extrema derecha y sus políticas racistas y xenófobas. Las
políticas restrictivas y represivas no solucionan nada. Hay que seguir abogando
por ayudar en origen a los países donde los jóvenes no tienen perspectivas de
futuro y ser generosos con aquellos que necesitan refugio para huir de
guerras, persecuciones políticas o en razón de su sexo o religión. Estamos
regando de euros a países que solo tratan a los inmigrantes como delincuentes.
Dinero a mansalva que sale de las arcas europeas y que solo pretende
frenar a subsaharianos o nacionales de esos países que buscan en Europa un
mundo mejor, un lugar donde poder trabajar y vivir dignamente.
Veintiún años después de escribir aquel libro, "La memoria
escondida", la situación no ha hecho nada más que empeorar y los
españoles seguimos escondiendo nuestra memoria, acrecentada por el odio al
diferente que aviva la extrema derecha.
Lo que me preocupa. como digo, es que muchos jóvenes estén abrazando las
ideas de quienes esconden la memoria y hablan de prioridad nacional, relegando
a los que, a su juicio, no son como "sus" españoles. Inmigrantes como
pretende Donald Trump no es sinónimo de delincuentes. Los habrá no niego la
mayor, pero la inmensa mayoría busca una vida mejor. Lo triste es que los Trump
y sus discípulos crecen por todo el planeta y buscan un mundo que solo sea útil
para que los poderosos puedan campar a sus anchas sin ningún tipo de restricciones...
Esos poderosos, como la irrisoria flotilla comandada por Marcos de Quinto,
alimentándose copiosamente en sus yates, entre risas y botellines para mostrar su apoyo a la ciudad española y
de paso mostrar un mensaje de firmeza a Marruecos habrían ampliado en el tiempo
aquella "escopeta nacional", de Berlanga y Azcona, si en esas mismas
aguas no hubiesen muerto durante la "invasión" orquestada , al menos
82 africanos que nunca alcanzarán sus sueños. Ochenta y dos de los miles de
vidas truncadas año tras año sin que nadie sea capaz de poner freno a esta
sangría desoladora que arrasa con los más débiles.

No hay comentarios:
Publicar un comentario