Opinión
Manolo
Solo, un actor
Me cuesta reconocer que ha
fallecido porque su rostro se había hecho habitual en nuestro cine y en nuestra
televisión
Viendo «Una quinta portuguesa», no te haces a la idea
de que Manolo Solo acaba de fallecer. La película se vio en televisión pocas
horas después de que conociésemos su fallecimiento a los 62 años, como
consecuencia de un cáncer.
El personaje que interpretó, profesor de
geografía en un colegio, sin grandes expectativas, abandonado sorpresivamente
por su mujer, se ve obligado a reinventarse en una finca portuguesa donde
convive con la naturaleza y la sensibilidad de su empleadora una contenida y
apacible María de Medeiros.
Ese tono contenido de la película, con seres humanos
que viven el día a día, sin crispación, y me atrevería a decir sin ambición, me
acerca al actor algecireño que ya no está entre nosotros.
Me cuesta reconocer que ha fallecido porque su rostro
se había hecho habitual en nuestro cine y en nuestra televisión . Por eso
encuentro algo parecido a la magia en las películas que nos permiten, durante
un corto periodo de tiempo, olvidar que ese actor que está en pantalla,
permitiéndonos evadirnos de nuestra realidad en «Una quinta portuguesa», ya
haya fallecido.
Me pasó el año pasado con el fallecimiento de Verónica
Echegui que murió también víctima de un cáncer cuando tan solo tenía 43 años.
Acababa de fallecer y la vi en una serie, «Ciudad de sombras», me parecía
imposible que la vital e inteligente inspectora de policía que interpretaba, ya
no podía terminar su trabajo en la serie y pensar en otro , dejar de rodar y
pasear por las calles de cualquier pueblo o de cualquier ciudad. Se la vía tan
viva…
Ya era alguien imaginario que solo podíamos hacer
vivir si veíamos cualquiera de sus películas o series. Lo mismo me ocurre con
Manolo Solo, un actor cercano, de esos con los que podías charlar
tranquilamente , tomarte un café o una cerveza y saber que muy pronto le
volverías a ver en la pantalla grande. Ya solo podremos recurrir al pasado para
verle interpretando a un periodista en «La isla mínima», al sumiso hombre de
confianza de Javier Bardem en «El buen patrón» o al dueño de un bar en «Tarde
para la ira», papel que le valió el Goya como actor de reparto.
También podemos revisar en cualquier momento la serie
«Anatomía de un instante» basado en el libro de Javier Cercas, en que
interpretaba con convicción al teniente general Manuel Gutiérrez Mellado
durante el golpe de estado de 1981.
La imagen tiene la virtud de hacer revivir a los
muertos, a que los veamos tal como fueron interpretando a diferentes
personajes. Lo que ya no podremos hacer es tomar ese café o cruzárnoslos por
las calles, aunque mientras los veas en pantalla siempre tendrás la sensación
de que están vivos.
Al cine le debemos , incluso a los videos caseros o
las super ocho, la posibilidad de que recordemos a nuestros padres o abuelos y
que nos veamos cuando éramos jóvenes y nuestros hijos pequeños. La imagen, las
películas nos muestran tal como éramos y como era el entorno en que vivíamos.
Las ciudades, las calles, las casas, el paisaje, los coches, la ropa que
vestíamos …. Hace que estemos vivos, aunque haga tiempo que desapareciéramos.
Manolo Solo seguro que seguirá en nuestras vidas.
PUBLICADO en LA VOZ . 3.7.26
No hay comentarios:
Publicar un comentario