En el cine y
en la televisión era la empleada del hogar, la chacha como se les
denominaba antes, venida de Extremadura , Murcia, Andalucía o Castilla a servir
en las capitales como Madrid o Barcelona. Ahora son inmigrantes las que hacen
esas labores.
A Rafaela
Aparicio la vimos en decenas y decenas de películas en que su presencia siempre
se hacía notar. Se hablaba de ella para papeles secundarios hasta que la vimos
triunfar por todo lo alto, y nunca mejor dicho, descendiendo de las alturas en
Mamá Cumple Cien años, de Carlos Saura, que sorprendió en el Festival de Cannes
y le reportó numerosos premios en España, aunque el Goya le vino por “El mar y
el tiempo”, `película dirigida por Fernando Fernán Gómez
Sólo
entonces se supo, con papeles como aquellos que Rafaela Aparicio era ,además de
un rostro familiar y entrañable, una enorme actriz.
Su recuerdo,
treinta años después de su muerte me ha hecho recordar a otras enormes actrices
y actores, siempre en papeles secundarios hasta que tuvieron la oportunidad de
convertirse en protagonistas.
Florinda
Chico, habitual también en papeles de mujeres
que tuvieron que servir, tuvo su alternativa dramática en otra película de
Saura , “Cría cuervos” y la nómina de actores que pasaron de papeles cómicos a
interpretaciones dramáticas es muy extensa Para no perder el hilo de Carlos
Saura , un actor tan dado a la astracanada como Andrés Pajares protagonizó un drama
tan premiado como “Ay Carmela” y dos de nuestros mejores actores José
Luis López Vázquez y Alfredo Landa dejaron de lado el prototipo de hombre
español, bajito, reprimido y por ende, obsesionado por el sexo para brindarnos
algunas de las mejores interpretaciones de la historia del cine español.
López
Vázquez se anticipó al landismo con comedias intrascendentes, pero muy
populares en las que hizo pareja con otra actriz inolvidable, como fue Gracita
Morales . Era el español que se comía el mundo, y en especial a las primeras turistas
escandinavas de los sesenta. Todo un sueño que se derrumbaba a medida que
avanzaba el metraje. Lo verde, en aquel entonces, empezaba en los Pirineos. José Luis López Vázquez fue calificado por
George Cukor como el mejor actor del mundo después de dirigirle en
“Viajes con mi tía”. No hay que hacer mucha memoria para recordarle en papeles
excepcionales como “Mi querida señorita”, de Jaime de Armiñán; “La cabina”, de
Antonio Mercero o “No es bueno que el hombre este solo”, de Pedro Olea. Papeles
dramáticos que combinó con comedias dirigidas por Berlanga con títulos como
Plácido o la trilogía de las ”nacionales”
Algo
similar, le ocurrió a Alfredo Landa, cuyo apellido dio nombre a un fenómeno llamado
landismo que durante buena parte de los setenta llevó al cine a millones
de espectadores. Cuando tuvo que hacer un papel dramático nos sorprendió a
todos como ”Paco, el bajo”, en la adaptación de la novela de Miguel Delives, Los
Santos Inocentes que dirigió Mario Camus.
Tal fue su
interpretación que mereció el premio en Cannes compartiéndolo con Paco Rabal, coprotagonista
de la película.
Podría escribir
sobre otros muchos interpretes que, desde la comicidad y la popularidad que
obtuvieron se adentraron en otros terrenos más dramáticos que refrendaron su
calidad como actores, pero dejo como final la opinión de otro grande, José
Sacristán quién en una ocasión, durante una entrevista fue categórico al afirmar que no se
arrepentía de ninguno de los papeles que había interpretado, muchas veces como actor
de reparto en aquellas comedias de los 60 y 70, porque era su trabajo y el de
sus compañeros que, a la postre, hacían reír a millones de espectadores…
El público encontraba
en aquellas películas, repudiadas por la crítica, una válvula de escape a sus
preocupaciones , aunque el metraje no superase los noventa minutos. Todos eran
gran actores y actrices como Rafaela Aparicio que, nos hizo reír.
(PUBLICADO en LA VOZ.15.6.26)
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